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Publié : 14 septembre 2010

Concours des Jeunes Auteurs pour l’Europe.

A lire et à écouter.

Bravo aux élèves de la classe bilangue (espagnol) 3ème A-E pour avoir participé au concours des Jeunes Auteurs pour l’Europe.

Tous ont réalisé, seul ou en groupe, un travail d’écriture en espagnol qui consistait à imaginer la suite d’une amorce tirée d’un roman.

Clémence S. et Marie G. ont obtenu le 1er prix (LV1) et Rémy J. a obtenu le 2ème prix (LV1) de l’académie d’Orléans Tours.

Ils seront reçus le mercredi 22 septembre 2010 en début d’après-midi au château de Chambord pour recevoir leurs récompenses et savourer les délicieuses gourmandises bien méritées.

L’amorce de l’histoire était la suivante :

En mi viaje de vacaciones al Perú, había planeado conocer otros lugares que no fueran turísticos. Así fue como decidí visitar la zona andina a proximidad de la selva, un lugar perdido llamado : INCA TAMBO.

En ese lugar conocí a un curandero de unos cincuenta y cuatro años de edad. Este personaje era una especie de sacerdote, mago, brujo con poderes sobrenaturales. Muchos conocimientos se concentraban en este hombre de apariencia simple, de mirada penetrante, y contextura fuerte. Adoptaba una actitud protectora cuando hablaba o caminaba conmigo, ya que para él era como un niño torpe que sabía caminar sin ubicarse en el medio extraño donde me encontraba.

La naturaleza era diferente de la que conocía en Europa y mi torpeza se debía a que yo tenía ocupados mis ojos, mi espíritu y mi cerebro en observar, comparar y analizar las cosas que veía, sin poner atención en los peligros que podían presentarse en nuestro desplazamiento por el monte.

Cliquer pour découvrir les textes proposés par les élèves de troisième.

Texte proposé par Clémence et Marie

Caminaba a su lado, observando todos los detalles de la selva. La noche comenzaba a caer. El curandero se llamaba Hatawa. Oscurecía. Le dije que tenía miedo. Me animaba y encendió la tea. Estaba sorprendido de cómo podía vivir en la selva. ¡La conocía muy bien ! Sabía ubicarse en la selva oscura. Volvíamos lentamente a la choza.

Hatawa la edificó con sus propias manos con grandes hojas de palmera, ramas de caoba y pieles de llama.
- Necesito leña para hacer fuego, dijo el indio.
- Voy a buscarla pero ¿dónde ?
- Coja por este sendero a la izquierda y todo recto, encontrará muchas ramas secas.
- Vale, ¡ voy !

Tenía la tea de Hatawa y avanzaba cuidadosamente para no caerme. A medida que penetraba dentro de esa naturaleza extraña, la oscuridad se intensificaba y los ruidos insólitos de la fauna aumentaban. Me mareaban y el miedo me invadía : deseaba huir pero sentía que mi corazón se aceleraba.

Me concentraba en mis pasos cuando de repente sentí patas sobre mi cabeza. Yo movía todas las partes de mi cuerpo para que el animal se fuera. Algo cayó al suelo. ¡Me angustié por nada ! En el suelo, un pequeño loro rojo y azul intentaba volar a pesar de su ala rota. Ignoraba si era peligroso, yo lo toqué, no se movió, era inofensivo. ¿Qué puedo hacer ? ¿Ayudarle ? ¿Llevármelo ? Se me ocurrió una idea. Lo dejé algunos instantes en el suelo, para ir a buscar la leña. Después lo cogí y me lo llevé al campamento.

Cuando llegué, Hatawa me observó y me dijo :
- ¿Qué hace este ara aquí ?
- ¿Qué es un ara ?
- Es ese loro que has traído.
- Vale. Lo he encontrado en el suelo, herido. Sabía que con tus poderes sobrenaturales, podrías curarlo y aliviar sus dolores.
- No puedo hacer nada por él esta noche. Es difícil ver sus heridas de noche. Veré mañana. Además es una oportunidad para enseñarte mis poderes. Es muy tarde. Vamos a dormir. Buenas noches. Era mi primera noche en la choza. Me metí en la cama y cuando me deslicé dentro, sentí una corriente de aire frío ya que la cama era pequeña para mí. Pero estaba contento porque sabía que Hatawa había hecho esta cama para mí. Era muy diferente de él con mis gafas, mi metro ochenta, mi cabello rubio y corto. Él era bastante pequeño y con el pelo largo. Al cabo de algunos minutos, me dormí a pesar de los ruidos de la selva.

Al día siguiente, el loro me despertó porque su jaula estaba a mi lado. La noche fue agradable. Salí de la tienda. Para mi gran sorpresa, Hatawa estaba despierto y el desayuno preparado. Quería probar sus tradiciones culinarias. Lo que me había preparado era muy diferente de lo que como en Europa. No solía comer distintos tipos de algas cocidas en el desayuno. Por cortesía, acabé el tazón.

Terminado el desayunado, sin perder un minuto, fuimos a ver al loro. Observé atentamente lo que hacía. Cogió el loro en sus manos y comenzó a recitar una fórmula. No comprendía lo que decía pero sabía que hacía todo lo posible para curarlo. Tenía frascos pequeños con una mezcla de plantas. Hatawa tomó una de las mezclas para ponerla en el ala del loro. El loro gritó con dolor cuando Hatawa tocó la herida.

Me cogió la mano. Me dijo que cuanto más numerosos somos, más posibilidades de curarse tiene el animal. Yo repetí cada frase de la fórmula poniendo las manos en la herida. Al cabo de algunos minutos, quitamos las manos. El loro no gritó más. Hatawa me calmó : está vivo. Esperamos a su lado. Algunos minutos más tarde, se escapó. Me quedé impresionado y felicité a Hatawa por su trabajo. Volvimos a la tienda, felices y tristes al mismo tiempo porque se había ido. Sabía que no lo olvidaría jamás.

Luego fuimos a pasearnos por la colina magnífica. Es verdad que durante la semana, se me había olvidado que el viaje tenía un fin. Volví a la realidad cuando recibí una llamada de mi jefe, que quería que volviera con urgencia. Debía acabar el artículo de mi compañero que estaba ausente. No discutí. Después de haber colgado, estaba muy triste.

Cogí la mano de Hatawa y le dije :
- Hatawa, estoy triste, hay una urgencia, tengo que volver.
- ¿Hay algún problema ?
- No, no, falta un compañero y debo sustituirlo. Te agradezco mucho todo lo que me has enseñado. Soy muy feliz por haberte conocido durante este maravilloso viaje. Gracias.
- De nada, me lo he pasado bien contigo.
- Volveré de nuevo. Hice las maletas en un momento, y me llevé algunos recuerdos. Cuando me despedí de Hatawa, tenía los ojos llenos de lágrimas.

Texte proposé par Rémy

Hacía dos o tres horas que caminábamos por el monte. De pronto, oí un ruido extraño.
- ¿Qué es ? Pregunté al mago.
- Nada, no se preocupe.

Seguimos andando pero poco tiempo después, surgió un animal raro que parecía un tigre y pensé que me iba a morir, pero en seguida una espada roja como la sangre cayó en mi mano y maté al animal. No entendía cómo la espada había caído en mis manos. Era un misterio que iba a comprender más tarde.

A pesar de todo, íbamos avanzando por el monte y llegamos a un lago ; era ya de noche, decidimos entonces dormir aquí. Al día siguiente, seguimos nuestro camino hasta un lugar lleno de minerales, el curandero me dijo que había más en lo alto del cerro, por eso subimos durante unas cuantas horas y en un momento dado mis ojos fueron iluminados por algo que brillaba tanto que había perdido la vista. Iba a cogerlo cuando…

Caí en un agujero que me condujo diez o veinte metros más hacia abajo. El sacerdote me llamó : << - ¿Señor, me oye ?
- Sí, creo que hay un túnel con un paso secreto. ¿Puede usted venir ? Me contestó : -De acuerdo. >>

Oía palabras y de repente, nada más. El silencio total. Dos o tres minutos más tarde, oí un ruido detrás de mí. Me volví y vi una luz de color azul. La luz se parecía cada vez más al mago, con su largo pelo blanco primero, después su cabeza con sus finas cejas, su cuerpo entero, con su metro ochenta y, para terminar, su ropa, con su largo abrigo negro.

Comprendí finalmente cómo había aparecido la espada : era un mago de verdad. Le pedí que me enseñara algunos poderes. Aceptó. Me hizo varias preguntas para encontrar mi especialidad. Estaba relacionada con el agua y él podía aconsejarme. Quedamos en el mismo lugar el día siguiente por la mañana. Hablamos de mis poderes durante la noche. Decía que yo debía sacar la fuerza de lo más profundo de mi alma.

Por la mañana, cuando me desperté, era la hora de desayunar. Caminábamos y nos reactivábamos para salir del túnel. En el camino, me entrenaba para dominar mis poderes, creaba grandes fuentes de agua. A la salida del túnel, nos deslumbró un templo gigantesco, seguramente un templo inca ya que estábamos en el Perú. Nos acercábamos con prudencia.

Estábamos delante del templo y común acuerdo decidimos penetrar en él. Evitamos las trampas y terminamos por llegar al fondo del templo. Había un inmenso tesoro. Salimos de allí para contarle al presidente del Perú nuestro descubrimiento pero cuando empezamos a caminar, vimos a un grupo de bandidos que se acercaban al templo para robar.

El mago y yo, decidimos impedirlo. Yo creaba una gran cantidad de agua que envié a los bandidos y mi amigo congeló el agua con los bandidos. El brujo me dijo cómo crear una proyección astral. Y llegamos rápidamente a la ciudad, a la misma casa del presidente. Le explicamos la historia y decidió enviar tropas al lugar. Dos días más tarde, vimos llegar a los soldados.

Volvimos con ellos hacia la ciudad. Una vez que hubimos llegado el presidente nos dio una parte del tesoro y con mi amigo compramos una isla. Después de haber vivido esta magnífica aventura, decidí volver a casa para poder descansar. Y un mes más tarde, volví a nuestra isla con mi familia.